sábado, 23 de diciembre de 2017

¿Las mujeres estamos tan locas, o el patriarcado nos vuelve así de locas?

¿Las mujeres estamos tan locas, o el patriarcado nos vuelve así de locas? ¿Tenemos depresión o ansiedad por nuestra relación con nuestras madres o porque el mundo nos pide cosas imposibles y nos castiga cuando no las conseguimos, y cuando las conseguimos también?

https://www.espinof.com/criticas/alias-grace-es-una-fascinante-deconstruccion-de-una-asesina
















https://www.quelibroleo.com/alias-grace


Alias Grace (Netflix)
Estuve a punto de no ver esta serie, descartándola como el manotazo de ahogado de Netflix cuando se dieron cuenta de que se perdieron The Handmaid’s Tale, pero por suerte no lo hice. Aunque mucho menos espectacular visualmente, y con algunos yeites más de “película de época” que pueden ahuyentar algunos espectadores, la historia de Alias Grace es mucho más sutil, y mucho más moralmente interesante. Otro factor, además, que al menos a mí me sumó al terror y a la angustia, es que es una historia real: efectivamente hubo una Grace de dieciséis años en la Canada del siglo XIX que fue acusada de matar a sus patrones en connivencia con otro sirviente.

Las miserias que atraviesa Grace, a diferencia de las de The Handmaid’s Tale, están enraizadas no en un ordenamiento social ficcional basado en en la fertilidad sino en uno que todavía hoy tenemos muy cerca: su condición de mujer, sí, pero también su origen de clase y el hecho de que la única ocupación disponible para las jóvenes que nacen en la pobreza es el servicio doméstico. Eso lo hace todo más doloroso: cuesta no ver, por ejemplo, cuando entendemos que las chicas que sirven en una casa son consideradas “propiedad legítima” de los patrones, que las empleadas domésticas siguen sufriendo todo tipo de acosos por parte de sus empleadores varones, aunque ahora no esté (tan) socialmente legitimado. Las consecuencias de esos abusos, además, iban desde la deshonra y la pobreza hasta, como el caso de Mary Whitney, la amiga de Grace en la serie, directamente la muerte por un aborto clandestino. Todo nos indica que las chicas pobres, un poco como todavía sucede, estaban condenadas de por vida: no tenían forma de ganar, ni siendo “buenas”, ni siendo “malas”.

La estructura narrativa es compleja pero suficientemente ajustada como para que el espectador no se pierda: la serie empieza cuando Grace, que lleva presa cerca de 15 años desde que fue acusada de asesinato, comienza una especie de terapia psicoanalítica con un joven médico extranjero convocado especialmente para evaluarla. Aparentemente lo pagó un comité de religiosos muy interesados en la liberación de Grace, que creen, por razones de piedad (o de paternalismo), que ella debería ser perdonada, que probablemente no hizo nada (una chica tan bonita y blanca no puede ser asesina) y si lo hizo, fue engatusada por el muchacho que fue ahorcado cuando la condenaron a ella. Vamos conociendo a Grace y a su historia un poco a través de su presente, presa y con “salidas transitorias” para trabajar en la casa de uno de los miembros del comité que quiere liberarla, pero fundamentalmente a través de las conversaciones que tiene con el médico y los flashbacks que esas charlas van evocando. A esa narración se superpone otra: la voz en off de Grace, que está escribiendo una carta al doctor, claramente después de todo lo sucedido, y que da cuenta de todo lo que ella no se animó a decir durante la terapia. Tenemos entonces dos narraciones no fiables que vienen de la propia Grace: la narración que le hace al médico durante la terapia (y aquí vemos muy explícitamente la condición de no fiable, porque la serie nos muestra el contraste entre lo que ella se anima a decir y lo que efectivamente pasó con los flashbacks) y la narración que ella hace en la carta, más honesta y pícara pero aún así algo opaca. En el vínculo con el doctor que se va fascinando con ella y en esta estructura de cajitas chinas se condensan una serie de preguntas interesantes sobre la terapia, la salud mental y el modo en que históricamente ha funcionado como forma de dominación patriarcal. ¿Las mujeres estamos tan locas, o el patriarcado nos vuelve así de locas? ¿Tenemos depresión o ansiedad por nuestra relación con nuestras madres o porque el mundo nos pide cosas imposibles y nos castiga cuando no las conseguimos, y cuando las conseguimos también?
(Tamara Tenenbaum)

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